No mates al mensajero

No mates al mensajero

¿Quién no ha escuchado alguna vez eso de “tienes que matar al ego”?

El ego, en realidad, es el cajón de tus principios y valores, esos que te van siendo dados por tu familia, por el entorno social en el que creces, el colegio… y lo vamos almacenando de manera que los usamos a demanda, según los necesitamos y van evolucionando con nosotros según crecemos.

Una de las primeras misiones del ego, es el juicio, bien-mal, correcto-incorrecto, etc., en función de esa base de datos que has ido adquiriendo, lo que le lleva a ir etiquetando todo según su veredicto. Esto se convierte en mensaje directo a tus pensamientos, de manera dual: una vertiente positiva y una negativa. De hecho, somos y vivimos en un mundo dual.

Si te dejas llevar por tus etiquetas y las de los demás, pasarás tu tiempo malgastando tu energía y generarás una sensación de fracaso constante, pues vas a encontrar personas con mejores etiquetas que tú, debido a que su base de datos es diferente a la tuya.

No encontrar un equilibrio en este sentido, nos lleva a sobredimensionar nuestros logros y derrotas, magnificando ambos y llevándonos al estado de montaña rusa constante en el que muchos estamos inmersos hace tiempo.
En el camino del crecimiento personal, existe una trampa en la que, en algún momento, todos caemos o podemos caer.
El camino consiste en sentir, hacer, decir y pensar, de manera coherente, equilibrando todas las partes de las que estamos formados, siendo además, como su nombre indica, personal. Por tanto, si nos hacemos seguidores incondicionales de los juicios del ego y sus veredictos, en forma de etiquetas, él tomará el poder y nos sumergirá en su trampa, que no es otra, que querer crecer para ser mejor que otros, tener mejores etiquetas, olvidando que las mías ya son válidas y lo que necesitan es irlas mejorando, modificando o cambiándolas por otras nuevas y más plenas.

En realidad, el objetivo es ser mejor de lo que fui ayer, pero no confundirnos con que el objetivo, es ser mejor que otro.

En nuestro caso, como coach o terapeutas, hemos de tener muy claro que el objetivo es aprender para poder compartir, todos los días. No sabemos todo, no tenemos todo, estamos en un mismo camino de aprendizaje continuo, por lo que podré dar en la medida de lo que yo sea capaz de recibir. Esto hay muchas personas que no lo entienden, que piensan que estamos a vuelta de todo, que tenemos todas las respuestas y que no podemos sentirnos mal en algún momento de nuestras vidas. Pues sí, también somos humanos.
No podré dar nada si me instalo en la etiqueta de “yo soy mejor que tú”, eso que doy está envenenado de soberbia e ingratitud, del mismo modo, no daré nada si estoy instalado en la de “no soy lo suficientemente bueno”.
Ahora que ya hemos visto esa parte más difícil del Ego, veamos también cuanto tiene de positivo en nuestras vidas.
El Ego, hace que me reconozca, que sepa quién soy y los valores que tengo. Es la base de mi autoestima, necesaria para poder entregar el mismo amor y reconocimiento a los demás, alimenta mi amor propio, mis capacidades y me lleva a la autoconfianza en que soy capaz de llevar a cabo mis propósitos. Me da la fuerza mara encaminarme con paso firme hacia mi propósito de vida.
Por tanto, en la búsqueda que todos realizamos de nosotros mismos y nuestra relación con los demás (somos seres sociales), debemos darle al ego la importancia y el cuidado que merece, no así el poder sobre nosotros.
Si me anclo al ego, estaré siendo constantemente mi único referente, generando un gran consumo de energía y desperdiciando la capacidad de enriquecerme con el aporte de los demás. Pero si vivo sin él, es casi más perjudicial aun. Él es el que nos aporta el sentido de identidad, el que pone orden a mis ideas, experiencias y percepción de la realidad, pues es el juez ¿Recuerdas? Poner tu Ego a trabajar para ti, será mucho más beneficioso que matarlo, como muchos aconsejan.
¿Quién es y cómo se comporta mi Ego?
En diferentes estudios, encontraremos identificadores que nos darán las pistas para conocer a nuestro Ego y poder aprovechar sus beneficios para nuestra evolución. Veamos algunos de ellos:
.- Ego sabio: cree tener la verdad absoluta y la razón. Aconseja aun desconociendo la respuesta o el tema del que estamos tratando. No puede mantener la boca cerrada.
.- Ego insaciable: podríamos llamarle también el “ego neón”, hará lo imposible por ser el centro de atención, no pasar desapercibido, en busca de reconocimiento constante.
.- Ego interruptor: es tanta su necesidad de ser referente, incluso de sí mismo, que no dejará hablar a nadie, interrumpiendo con su conocido “pues yo…..” o acabando las frases de los demás como suyas.
.- Ego envidioso: no acepta los logros ajenos, por lo que inventará una argucia para degradarlos y ridiculizarlos.
.- Ego estrella: sólo vive del aplauso, el reconocimiento público y plausible. Es esa vocecita que ningunea a los demás con frases como “te lo dije”, “si me hubieras hecho caso….”, etc.
.- Ego bandolero: se sube al “caballo” de los demás, haciendo suyas las ideas y acciones de los otros. Es un ladrón.

.- Ego sordo: un gran actor de la escucha fingida, ya que solo le gusta escucharse a sí mismo. El resto no le interesa, porque no es “real” bajo su punto de vista.

.- Ego manipulador: se las arreglará, de manera lícita o ilícita, para hacer que todo revierta en su propio beneficio.
.- Ego orgulloso: no le gusta perder, luchará para no hacerlo.
.- Ego silencioso: es sibilino y tiene las dos versiones, la que te da a ti y la contraria, que da a los demás, criticando, enjuiciado y mintiendo.

Identificar quién es el vecino que habita en tu mente, te va a ayudar a llegar a un acuerdo con él, para que, de todas estas características, saques esa parte positiva que tiene y la pongas a tu servicio.

Resumiendo, veamos cómo podemos transformar el ego, sin tener que matarlo:

1. El ego te aleja del mundo real: cierto, en ocasiones te aísla, separándote de la realidad que te rodea, pero no te quedes ahí!. Usa esa visión crítica que te da el ego, para discernir el camino a seguir y si esa realidad es la tuya o es de otros. Elige desde la distancia.
2. El ego es defensivo: cuando recibes comentarios, tiendes a defender el por qué hiciste lo que hiciste, argumentando en tu defensa. El que habla es él, asumiendo la responsabilidad de evitarte un daño, paro si se excede en este cometido, él será el agresor. Dale solo el espacio que necesita.
3. El ego es insatisfecho: siempre quiere más, siempre pide más. En tanto en cuanto te representa, revisa bien qué quiere, pues esto puede hacerte salir de una situación conformista y apática. Ese impulso de su insatisfacción, puede llevarte a conseguir la meta que te propongas. Utilízalo a tu favor, poniendo tú los límites.
4. El ego exagera tu imagen propia: es un desmesurado, ya lo hemos visto. Por tanto, magnificará todo aquello con lo que te sientas identificado: habilidades, valores, sentimientos, deseos, recuerdos. Mírale a los ojos, y quédate con aquello que realmente te haga mejor día a día, el resto, puedes dejarlo en el cajón de los accesorios, por si en algún momento necesitas un “carnaval” personal.
5. El ego tiene apetito insaciable: no lo sobrealimentes, él vive de tus pensamientos, esos locos que andan todo el día corriendo de un lado a otro, haciendo un insoportable ruido. Trata de silenciarlos y los que sean realmente importantes, bájalos a tu corazón. Si lata con fuerza, son para ti y podrás llevarlos a la práctica. Si no, déjalos en silencio y no se los des a comer.
6. El ego es escurridizo: cuando crees que ya has llegado a un acuerdo de convivencia con él, se cuela por una rendija o por la puerta de atrás, en forma de pensamiento, nuevo concepto o lo que sea que le permita salir de nuevo y estar presente. Necesita estar activo, por lo que, posiblemente tendrás que ir re-negociando condiciones de convivencia con él.
7. El ego tiene tiempo limitado: tú eres el responsable de marcarle el final del trayecto. Cuando ha cumplido su cometido, ha de aceptar que ya no es tan necesario. Tal vez, más adelante, en una nueva etapa o situación de la vida, requiramos de su servicio, pero por ahora, ya es suficiente.

Como conclusión, diremos que el ego no deja de ser en esencia, el mensajero que pone frente a ti lo mejor y lo peor de ese amasijo de dramas emocionales que es tu vida, con componentes de tu pasado y tu presente, de aquello que tienes que trabajar para mejorar, aceptar o echar definitivamente de tu vida.
Es esa voz que, escuchada con la debida atención, te muestra muchas veces el camino a seguir y el que no volverás a transitar.

Haz del ego un compañero de viaje, aprende de él, pero con la capacidad de no dejarle las riendas de tu vida, pues esas, son tu responsabilidad y no las puedes dejar en manos de cualquiera.

Y tú…. ¿Matarás a tu ego?

©Marilar Ruiz 2016

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Marilar Ruiz
Profesora · Formadora de Equipos · Conferenciante · Orientadora Emocional , Asesora Empresarial
Marilar Ruiz

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